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Muchos edificios de la periferia acaban bordeados por grandes autovías o circunvalaciones formando un extrarradio por donde circulan de manera continua vehículos de todo tipo, generando un ruido tan intenso que las personas que viven cerca terminan por acusarlo en su propia salud. La calidad de vida viviendo cerca de una autopista se ve mermada seriamente, pues existen diversos estudios que han demostrado que aquellas personas cuyas casas están a pocos metros de carreteras ruidosas son más propensos a tener una tensión arterial elevada, esto es un factor de riesgo que puede desencadenar enfermedades cardiacas, pero sobre porque el aire sucio y el ruido del tráfico pone al corazón bajo mayor tensión y eso es un dato inequívoco cuando en las estadísticas nos dicen que estas personas acaban en muchos casos con una vida mucho más corta de lo esperado.

Hay que añadir que además del ruido procedente del tráfico rodado, tenemos también los causados por el transporte ferroviario que a veces olvidamos y que ocasionan un estrés añadido por donde pasa. La calidad de vida y las expectativas en cuanto a salud de las personas que viven cerca de estos lugares de un tránsito continuo y elevado de transporte constituyen uno de los parámetros más subjetivos inherentes a las molestias provocadas por el ruido y quizás una de las más difíciles de medir, ya que con el tiempo las personas se acostumbran a este medio ambiente, pero no son conscientes del daño que se les está produciendo. En muchos casos y dependiendo del estilo de vida que se tenga, hay personas que terminan por cambiar hasta de residencia.

 

Según la Organización Mundial de la Salud, los efectos adversos originados por la contaminación acústica son entre otros, la discapacidad auditiva y el efecto llamado tinnitus o zumbido en los oídos aunque no existe fuente sonora. La perturbación del sueño, los ya mencionados efectos cardiovasculares, falta de rendimiento en el trabajo y en la escuela, así como cambios en el metabolismo por un desajuste en las hormonas del estrés.

¿Qué soluciones existen para reducir estos riesgos?

Desde el punto de vista arquitectónico lo primero que vemos en muchas zonas residenciales próximas a una autopista son grandes muros cortinas como barrera acústica, constituyendo un elemento ideal para luchar contra el continuo ruido. Este tipo de barreras las podemos ver en distintos formatos; de hormigón, metacrilato, metálicas o fabricadas en madera. Su función es la de expedir de forma vertical el sonido para que llegue lo menos posible hasta los edificios colindantes. Otra de las medidas más directas que observamos en edificios más modernos son sus calidades constructivas a nivel de fachada, principalmente  estos edificios suelen destinarse a oficinas y a empresas, siendo su característica principal visualmente hablando la de un gran espejo. Este tipo de fachadas están formadas por un sistema de cerramientos llamados muro cortina, los cuales cuentan con un acristalamiento especial, sustentado por una perfilería metálica de doble aislamiento acústico, aislando mucho más el sonido del exterior.

Pero los muros cortinas a pesar de que se construyen para aprovechar el máximo de luz solar, tienen el inconveniente de que durante el verano dependiendo de la orientación este-oeste, la luz supone un problema. Para solventar este problema lo normal sería instalar una sencilla cortina tapaluz, pudiendo optar por una de tipo veneciana o bien por una cortina textil que nos sirva para tapar la luz incidente sobre la ventana, como también para poder aislarnos del ruido exterior. Este tipo de cortinas las podemos encontrar en varios formatos en función del número de capas que las forman, variando su capacidad de aislamiento que puede oscilar entre desde los 7 decibelios básicos de aislamiento hasta los cerca de 30 aproximadamente que pueden llegar a aislar. Estas capas están compuestas por un tejido especial que combinan tejidos absorbentes y aislantes ante el sonido.

Las cortinas técnicas acústicas de hoy en día reúnen una triple ventaja, reducen el ruido del exterior, nos proporcionan un ambiente menos luminoso cuando los rayos de sol inciden demasiado sobre la ventana, pero además estas cortinas están fabricadas con tejidos ignífugos permanentes, protegiéndonos frente a un posible incendio.